Un antiguo refrán sostiene que el agua es lo único que puede golpear sin dejar heridas.

Sin embargo, en varias regiones de la provincia la falta del líquido vital golpea, hiere y provoca verdaderas tragedias en la vida cotidiana de muchos cordobeses. La realidad indica que, en lo que se refiere a recursos hídricos, Córdoba es una de las regiones más pobres del país.

Inacción del Estado, baja disponibilidad de fuentes, mala calidad, concentración urbana y poca conciencia para usarla racionalmente, se combinan en una delicada situación que afecta a miles de cordobeses.

SIN AGUA Y A LOS TIROS

Desde hace años, en diversos valles de la provincia se repite una dolorosa imagen: reuniones comunitarias en donde el Juez de Paz no puede detener escenas de pugilato entre vecinos y enfrentamientos familiares mediados por disparos de escopetas; la falta de agua hace perder la paciencia.

De hecho, es una situación habitual que los pobladores de las alturas de las sierras impidan el paso del agua de los arroyos o desvíen sus cauces para abastecerse. Entonces los conflictos no tardan en desatarse: la ira de quienes habitan aguas abajo hace que se organicen verdaderas expediciones armadas a terrenos del vecino para romper los diques y desvíos ilegales de los arroyos. El saldo de estos conflictos han sido vecinos muertos, pérdidas de cosechas y de animales y desalojos compulsivos.

La situación se torna tan desesperante, que algunos acuden a famosos rabdomantes de San Luis, para que con su horqueta de palo, encuentren la esperada vibración que indica que debajo de la tierra hay agua. Otros, invierten en perforaciones de un altísimo costo para extraer agua subterránea que aun no encuentran.

EL AGUA ES DE TODOS

El agua es un elemento indispensable para la vida desde tiempos inmemoriales. También, es un recurso natural muy codiciado y es sinónimo de vida y de poder. Es un derecho humano que supera a la figura de un bien de cambio y esto genera, muchas veces, disputas entre los propios pobladores.

No es casual que los primeros poblados se establecieran a orillas de los ríos. Pero de aquellas primitivas aldeas pasamos a megalópolis extensas en donde el agua sale misteriosamente de la canilla o envasada de los supermercados y los citadinos del siglo XXI consumimos el líquido elemento sin cuestionamientos, incluso dejamos de llamarnos usuarios para pasar a ser clientes del servicio, todo un cambio que va más allá de la aparente inocencia de las palabras.

María Cristina del Campo, Doctora en Derecho y docente de posgrado en universidades públicas y privadas en derecho ambiental explica que “el agua como componente ambiental –en Argentina- es regulada como un bien público y, como tal, inembargable, imprescriptible e inalienable que forma parte del territorio y por lo tanto es un factor de soberanía. Al organizarnos como Estado federal, el dominio de los recursos naturales es asignado a las provincias, las que las regulan, administran y tutelan.” Al respecto, el arquitecto Gustavo Spedale -miembro de la Coordinadora en Defensa del Agua y la Vida y de la Red Internacional en Defensa del Agua- sostiene que “el manejo del recurso por parte de empresas privadas provoca un caos en la administración del agua en la provincia y está hiriendo de muerte al sistema hídrico.”

PROPIEDAD PRIVADA

Según, Gustavo Spedale, uno de los factores determinantes de esta crisis es adjudicable a que“gran parte de nuestro caudal acuífero tiene como destino el sistema de riego y, en una provincia semiárida como Córdoba, esto produjo una demanda mayor al transformarnos en una provincia sojera. Vivimos el caos que producen las grandes empresas que perforan el suelo y extraen el agua sin ningún control” dice Spedale y agrega que “en la Pampa de Pocho – perforan con una gran bomba y extraen el líquido vital para regar miles de hectáreas. Un kilo de soja, completa Spedale, consume 3000 litros de agua.

Sucede que en nuestra provincia –a diferencia de Buenos Aires, Capital Federal o Santa Fe, por citar algunos ejemplos en donde el agua es provista por el Estado- sigue manteniendo la administración de los ríos y arroyos en manos de empresas privadas y cooperativas. Acerca de esto, Spedale señala que urge revertir esta situación y construye una comparación con la tarea de administrar el agua por parte de una empresa privada: “Si usted es panadero y le regalan la harina, despilfarraría el material porque no le cuesta nada, le regalan la materia prima con la que gana dinero” y agrega que “el agua es de todos pero la administra una corporación que solo tiene que tomar el agua de los ríos y embalses, distribuirla y cobrarnos una tarifa”.

Marta Julia es investigadora del Centro de Investigaciones Jurídicas y Sociales de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba y explica que “dentro del sistema jurídico argentino el dominio y la jurisdicción de las aguas es determinado en el Código Civil: Quedan comprendidos entre los bienes públicos: “… los ríos, sus cauces, las distintas aguas que corren por sus cauces naturales y todo otra agua que tenga aptitud de satisfacer usos de interés general. ”

Las provincias tienen el dominio de sus recursos naturales y dictan, por lo tanto, las normas que lo regulan, la mayor parte de las normas aplicables al río son provinciales” explica la investigadora.

¿PATRIMONIO NATURAL O BIEN DE MERCADO?

María Cristina del Campo, explica que las aguas son mucho más que un recurso natural. Son parte de lo que recibimos como herencia para vivir, para desarrollarnos, para crecer como Nación. No podemos descuidar ese patrimonio.”

Del Campo, afirma que “después de la reforma constitucional de 1994, la regulación sobre el agua varió sustancialmente, tutelándose ya no solo al agua como recurso natural sino jerarquizándola como componente del derecho ambiental y como patrimonio natural. A pesar de ello, se ha seguido tratando al agua sólo como recurso natural, desconociendo derechos ambientales. En algunas provincias, incluso, lejos de desarrollar regulación ambiental en tutela del agua, aparece normativa que inconstitucionalmente incorpora al agua entre los bienes de mercado.

Este manejo comercial del agua no sería llamativo si no fuera que -si uno se toma la molestia de indagar las principales cabeceras de cuenca de nuestro país- descubre que muchas de ellas han sido compradas por capitales extranjeros”, explica la especialista.

UN MAPA PREOCUPANTE

En el sur de la provincia hay agua subterránea, pero no es de buena calidad.

La zona sudeste está suficientemente abastecida -salvo sequías excepcionales- pero padece serios problemas de contaminación natural.

En el oeste, existen cursos de agua temporarios, arroyos que se abastecen en el verano y luego desaparecen porque los suelos no retienen el agua.

En el norte, hay poco agua ya que es un territorio profundamente seco y con un déficit hídrico muy importante, al igual que la zona noroeste que es desértica y presenta un marcado escasez pluvial.

Como si lo anterior fuera poco, hay una zona en la que el agua abunda pero que no se puede usar: es el caso de la Mar Chiquita, cuya abundante laguna tiene 360 gramos de sal por litro de agua, lo que la hace intomable, comparada con los 25 gramos por litro de agua que tiene el mar.

LA VENGANZA DE LA NATURALEZA

La provincia de Córdoba es la que más destruyó bosques en Argentina, superando la tasa mundial de deforestación, según datos publicados por la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación.

El mal manejo del bosque y los voraces incendios que se repiten todos los años dejan a parte del territorio provincial sin capacidad de colectar agua; ello provoca inundaciones y poca disponibilidad del líquido elemento, a nivel superficial, según indican biólogos de la Universidad Nacional de Córdoba.

Los acuíferos se recargan cuando llueve porque los árboles hacen que el agua precipite lentamente pero cuando los suelos están desnudos, las lluvias precipitan con velocidad y violencia y se escurre sobre el suelo provocando inundaciones, como la recordada tragedia de San Carlos Minas en 1995 o de La Calera en el 2000.

Los diques, a su vez, van perdiendo profundidad porque las grandes crecidas arrastran gran cantidad de sedimentos.

Otras aguas se desechan porque están contaminadas con residuos cloacales, agroquímicos, efluentes industriales o cenizas de los incendios. Hay indicadores de contaminación que no se ven pero que circulan por los ríos y, en general, se podría aplicar para toda la provincia. Estos escasos recursos se ven agravados por el efecto de la contaminación producida por desagües cloacales e industriales que, en forma descontrolada, se vuelcan a cauces superficiales y napas subterráneas, principalmente en los centros de alta densidad poblacional.

VIVIR CON SED

El verano pasado los habitantes de las Sierras Chicas atravesaron una nueva crisis hídrica, debido a que el Dique La Quebrada dejó de abastecer de agua potable a varias poblaciones. Al respecto, vecinos recuerdan que “la pasamos muy mal en el Talar de Mendiolaza -que abarca unos 6 kilómetros que van desde la ruta E-57 a la E-53- ya que la mitad tiene red domiciliaria de agua potable y hasta el día de hoy no tiene presión suficiente para recibir el vital elemento de la red: le llevan en camiones y le inyectan agua en los tanques. La otra mitad del Talar, no tiene red domiciliaria. Tenemos un costo altísimo de agua, porque tenemos que comprar 8000 litros a $150.” Una familia tipo gasta 1000 litros de agua por día, comentan los pobladores.

Los que podemos, recolectamos el agua de lluvia y tenemos depósitos para casos de emergencia o compramos tambores de 200 litros para poder almacenar. Es tétrico porque no podemos lavarnos la cara ni cocinar, ni se puede usar el baño. Los que pueden, van a casas de familiares en la ciudad de Córdoba, a buscar agua”, explican los vecinos del Talar.

Chancaní es un caserío ubicado en Traslasierras, a unos 300 km. de Córdoba. Sus pobladores dejan ver en su cara el agotamiento que le provoca la escasez de agua en la zona: “Nuestro problema es que vivimos en un territorio con escasa lluvia, el agua que nos llega de vertiente o manantial viene de las sierras y está mal distribuida, no cubre nuestras necesidades.” Los pequeños productores sobreviven criando gallinas y cabras, otros intentan llevar adelante pequeños proyectos como la apicultura: “A quienes tenemos familia se nos complica muchísimo porque no hay fuentes de trabajo y con los pequeños emprendimientos la vamos peleando y, por supuesto, luchamos para que nos reconozcan nuestro derecho a tener agua, para nuestra familias y nuestros animales”, afirman los pobladores.

Vivir sin agua en las zonas rurales o serranas es literalmente imposible. “Hablamos de no tener agua para nada, ni para tomar, ni cocinar o lavar platos, para nada”, dicen los pobladores y agregan que “es terrible vivir así, tenemos que andar buscando algún vecino para ver si puede darnos unos 5 litros, para hacer la comida, para darle de beber a los chicos; un día a un vecino, otro día a otro, si es que tienen.

Si tuviéramos enfrente a la gente del gobierno le diríamos que se pongan a trabajar para darnos soluciones, que dejen de versear. Si dicen que están armando proyectos, que se pongan, porque a nosotros no nos llega nada. Tendrían que venir para ver cual es la urgencia con la que necesitamos el agua”, sentencian los campesinos.

 

 

 

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