Guillermo Galliano -fotógrafo cordobés especializado en aves- se ha transformado en uno de los máximos referentes de la educación ambiental en Córdoba.

Sus ojos todo terreno y el registro fotográfico que asoma tras su mirada han recorrido los 5 continentes y pisado el suelo de 35 países en los últimos años: Desde Rusia a la Antártida, pasando por Mongolia, Haití o Uganda, sólo por citar sus más recientes aventuras.

Galliano creció explorando árboles, barrancas y cuevas, mirando el suelo y el cielo, buscando nidos mientras transcurría su infancia.

UN CLICK  PARA MOSTRAR

Desde temprana edad, su pasión por las aves hizo que pasara días enteros observándolas para dibujarlas y estudiar su comportamiento y así, lo que muchos suponían era una afición de un niño curioso, se transformó en la mirada de un destacado profesional de la fotografía, especializado en avifauna.

“Las aves no existirán sin los ecosistemas que las albergan –explica el fotógrafo- porque en el sistema ecológico está todo interconectado. Es un todo, incluidos nosotros, los seres humanos.”

 “Es la pasión que siempre tuve en mi vida”, dice Galliano y agrega que “me crié en Villa Belgrano, explorando barrancas y cuevas, en la periferia del Estadio Kempes. Aprendí a jugar al futbol a los 15 años, porque toda mi infancia transcurrió buscando nidos. Después, cuando fui creciendo, empecé a tomar notas mientras los observaba.”

Este viajero cordobés de 43 años cuenta que “cuando tenía 11, estaba obsesionado por las aves y no conocía a nadie que me enseñara, entonces empecé a dibujarlas”.

Su designio de observar y fotografiar aves  -junto con un ojo entrenado y mucha paciencia como virtudes- creció con él: “Creo que la pasión por las aves nació conmigonunca hubo un hecho que marcara un momento preciso en mi vocación. Desde niño, observaba los nidos buscando huevos para criar los pichones y si encontraba un pichón lo llevaba a casa y le daba de comer: hacía buches con té y metía el pico de los pájaros en mi boca para que bebieran…desde pequeño ya era un loco importante. Como no los veía tomar agua hacía eso por temor a que se deshidrataran.” dice Galliano, soltando una carcajada.

“Me doy cuenta que era un inocente depredador de nidos, con una incontrolable curiosidad por las aves y, hasta el día de hoy, nos acordamos de aquello con mi hermano y él se ríe de mis ocurrencias”, cuenta el naturalista.

“Cumplidos los 20 años me dije, tengo que empezar a fotografiarlas para mostrarle a la gente lo que yo veo, aves que eran muy difíciles de observar. Así nació mi pasión por la fotografía y comencé a trabajar en ello; me compré una cámara pero no tenía un lente apropiado para las fotos que yo quería, así que empecé a hacer fotografía social para empresas y así canjeé trabajos por una cámara para hacer lo que tanto ansiaba, es decir, no es que nací con plata y mi mamá me daba con todos los gustos”, cuenta Galliano y explica que “siempre tuve que trabajar duro para conseguir lo que quería. Así, conocí 35 países, recorriendo áreas naturales protegidas, viajando a la India para ver los tigres, a Siberia para conocer el leopardo de la nieve, a Indonesia para ver el Dragón de Komodo y Kenia y Uganda para registrar a los gorilas en su hábitat”, dice Galliano.

LA FUNDACION MIL AVES

La historia de Galliano está escrita a través de aventuras en regiones inhóspitas del planeta pero también adquiriendo experiencias sobre cómo gestionar áreas naturales protegidas.

Así, este inquieto cordobés se planteó un nuevo desafío: comunicar educando.

De ese modo, fue ganando espacios en medios masivos de comunicación a través de columnas radiales y micros en programas televisivos que han despertado el interés de diversas audiencias.

“Los ecosistemas están muy dañados y sus bosques maltratados».

Su pasión por las aves incorporó la urgente necesidad de conservar su hábitat natural y, por eso, comienza a delinear el proyecto al que hoy dedica todos sus esfuerzos: coordinar la “Fundación Mil Aves” que reúne a un equipo interdisciplinario de expertos que colaboran con su trabajo en tres ejes principales: educación, conservación e investigación en el área ambiental, con el objetivo de proteger los bosques nativos: “Las aves no existirán sin los ecosistemas que las albergan –explica el fotógrafo- porque en el sistema ecológico está todo interconectado. Es un todo, incluidos nosotros, los seres humanos.”

Por ello, Guillermo Galliano pone en marcha una organización científico-educativa que aporte a su protección: “Los ecosistemas están muy dañados y sus bosques maltratados. Por eso, aquí estamos nosotros construyendo la Fundación Mil Aves, para tenderle nuestra mano protectora -con la ayuda de todos- a nuestras especies y sus ambientes”.

AVES EN FAMILIA

El naturalista cuenta que hoy, a sus 43 años tiene editado un libro –Aves de Córdoba- y prepara su segunda publicación para este mes de abril. “El primer libro no fue la llave sino un llavero porque pasé de ser un loco que tomaba imágenes de pajaritos a ser un fotógrafo especializado en aves. El segundo ejemplar está en la etapa de diseño, las fotos ya están, así que estoy trabajando con la gente que me ayuda con esto”. El próximo libro de Galliano documenta de manera inédita un seguimiento de aves de Córdoba, desde la nidificación hasta su etapa adulta: “Es el producto de muchos años de aprendizaje y viajes constantes”, afirma el especialista.

Galliano ha viajado por el territorio provincial infatigablemente, e incluso planificado misiones especiales para buscar determinadas especies, durante semanas y a lo largo de años: “En los últimos 2 años pude registrar 72 nuevas especies de aves y en total he rastreado 204 que habitan en Córdoba, 170 más que en el libro anterior” y agrega que “he documentado la vida en los nidos, también, realizando un seguimiento de cómo evolucionan los pichones.”

Así, en épocas donde pareciera que la tecnología ha sepultado a los exploradores y expedicionarios, Guillermo Galliano sigue caminando los rincones inhóspitos de nuestra geografía, mirando al cielo y al suelo, deslumbrándose con la mirada de un niño que descubre mundos para captar con su cámara inquieta.

 

 

 

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